jueves, diciembre 10, 2009

La Quinta Avenida

Detuvo el carro a un lado de la calle en la Quinta Avenida. Eran las cinco, más o menos, de una tarde húmeda. El cielo estaba gris, apretujado.

Había varios indigentes en la acera.

La hija intentaba hacerles tomas con la camarita de video porque quería hacer un documental sobre San José.

Dale, dale, apurate.

Uno de ellos se acercó. Su ropa era una mancha café, su barba y pelo también grises, enmarañados como la capital a esa hora.

¿Estás grabando?

Sí, mami, respondió en voz baja, enganchada en la garganta.

Ok.

El hombre se acercó más, serio, la mirada adusta. Era un Moisés sin tablas, pero con mandamiento.

¡Vieja hijueputa!, dijo.

Cerró la ventana lo más rápidamente que pudo, creyendo que metería la mano para asaltar su propiedad privada. Pero por una hendija de no más de una pulgada se introdujo eso que luego descubrió era un escupitajo, espeso, sin olor, transparente.

Estaba invadiendo un territorio con dueños asentados entre cajas y periódicos, en aceras y edificios derruidos; entre basura. Esa calle era una casa.

Terminó de cerrar la ventana mientras pocos de baba resbalaban por el vidrio.

Sintió miedo, su hija también.

Pensó que de inmediato vendría un manazo en la puerta, una patada, pero el hombre retrocedió y se quedó quieto, mirándola.

Arrancó el carro y temblando condujo despacio por la avenida. No quería moverse para que la escupa no le cayera en el vestido, en las piernas.

Su hija, pálida, se limpiaba el pantalón con las manos, una y otra vez.

Intentó lavar la saliva con el chorrito del parabrisas que siempre se escurría a un lado cayendo en la ventana del chófer. No lo logró.

Y la escupa seguía ahí en su cabeza, densa, sin moverse.

Sintió asco.

Esa tarde aunque fue anunciado, no llovió.

miércoles, octubre 21, 2009

Llamada telefónica

al teléfono
en segundo plano
la madrugada arderá

rótulos y lámparas
serán relámpagos en silencio
la basura un mar espumoso

automóviles esporádicos
cortarán vitrales terrestres
en la superficie de la noche

los bares desahuciados
ya no crujirán con antropófagos
que se comen la lengua

en un ring de botellas punteagudas
los amigos seguirán siendo
a pesar de los hilos de sangre

las voces serán pocas
en pausa y retroceso
hacia adelante
se oirá el eco de animales insomnes

será la cabina telefónica
vacía y sin palabras
la que acabe con esta banda sonora

domingo, septiembre 13, 2009

Arlington, 1967

el lente de la cámara
se enceguece

porque su vestido es de luz

a sus pies un mundo
de hojas muertas
cafezuscas
enrojecidas
amarillentas

a una señal del padre
el huracán de sus guantes
las resucita
las confunde

ahora toda ella es viento

miércoles, septiembre 02, 2009

A esa hora

en la casa vieja
de laureles podados
señoras del té
asoman la nariz
entre las barandas
no se despeinan
abren los labios
para morder los bordes
de un alfajor

en la casa vieja
se suda a las cuatro
el viento se sustrae
no hay abanicos
las ropas se desiertan
hace sed y no hay tazas

entonces las señoras
sacan sus poltronas
se mecen y se mecen
hasta que una brisa amarga
con infusión de romero
devuelve el movimiento
a sus lenguas

lunes, agosto 31, 2009

a las cinco en el bar

el zapato derecho
se inunda de parque
la avenida se agita
el humo negro bufa
el alero es torrencial
las huellas mueren
en los escalones
el libro sobre el mismo párrafo
el beso luego
tardío
y como el pie
húmedo

viernes, julio 17, 2009

Sacrificium


(La última vez en su vida que oyó el tic tic sintió una cola ágil rodeándole el cuello).

Durante algunos meses abría la puerta del Matadero con una copia de la llave. Daba paso a la víctima de pelaje sedoso y cola ágil. Ejecutaba el sacrificio en el mismo altar dos por dos, con una ventana sin cortinas, una cama angosta, una silla en frente, y a media luz porque era casi de noche. En el pasillo habían dos o tres cuartos cerrados y siempre vacíos, cuyo silencio era interrumpido por el tic tic del baño al fondo.
Otros ofrendarios tenían copia de la llave y llevaban todo tipo de cuadrúpedos: terneras ovejas corderas chivas cabritas. que según dictaba el código de ética debían ser inmoladas a diferentes horas y en distintos recintos, para no toparse. Ellos creían que se rendían frágiles ante el sagrado ritual murmurando patria libre o morir al entregarse a la causa amatoria.

domingo, mayo 24, 2009

Feliz cumpleaños

Ese cumpleaños
también lo celebramos
con un queque de conejo

la foto
los sobrinos resignados
con sus gorritos
amarillo para hombres
rosado para mujeres
mi hermana y su esposo
sonrientes

me siento como animal enjaulado
dijiste

días después
un tigre jadeaba
en otro vecindario